musaraña


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Mi pago

Diez de la noche. 23 y 0. Cualquier día. Si es fin de semana, peor. La Habana y su parte decadente. La gente buscando, no hablo de buscar dinero, hablo de buscar, no sé, otra cosa, otro paisaje, otras luces, otras calles y otras gentes. Necesitan respirar. No quiero decirlo así, pero debo: veo gente cansada y vieja, que no se encuentra en su país, que no se sienten, me duele más, como país. Hace poco encontré, en lecturas recomendadas, este diálogo:

-Porque en Cuba todavía tengo la impresión de que muchas cosas dependen de los que vivamos allí.

-Hay miles de personas que pagarían por tener esa sensación.

-No. Miles no. Muy pocas. Se paga por lo contrario.

Yo pagaría por todos, pagaría para que todos tuvieran estas ganas que no son solo mías, que fueron en sus días -en otro contexto pero con igual intención- de Virgilio: formar parte. Decir luego, yo estuve ahí. Estamos en pleno proceso de cambios, vienen lentos, lo sé, pero yo, sin importar que me tilden de ilusa, confío en ellos. Pago entonces por darles a todos un poquito de fe, de confianza, para creer, cito otra vez, “en algo inmaterial que impulsa la materia”.

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