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Jenny Q. Chai en busca de fantasmas habaneros

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Una china de Shanghái que vive en New York. Que toca el piano de forma a veces diabólica, a veces pausada, angelical. Que ha ido contracorriente con su música clásica contemporánea en una China de tradiciones milenarias. Que en su afán performático toma objetos como guantes y pelotas de béisbol y percute las teclas con fuerza, percute lo que no fue hecho para ser percutido. Que se inquieta mientras toca, se levanta, agarra las cuerdas y las hace vibrar en su propia mano. Pero que no importa si en ello se inventa los sonidos más sacrílegos que se le han de sacar a un piano.

Fue a través del Dr. Solomon Mikowsky, uno de sus profesores que más la han influido en Manhattan School of Music, como se enteró que al sur existía un señor Leo Brouwer, epicentro de un festival de música de cámara de igual nombre. Quizá porque el Dr. Mikowsky es cubano, y en muchas de sus clases le salen historias increíbles de la Isla y su infancia isleña. Quizá porque el maestro, en un arranque de nostalgia, le dijo a la alumna: “Estoy seguro que a Brouwer le encantaría que fueras al festival”. Y le agregó: “Si vas y tocas allí, me enorgullecerías muchísimo”.

El día: hoy martes 7 de octubre. La hora: 8 y 30 de la noche. El lugar: Teatro Martí. Allí estará Jenny, acompañada de la flautista Niurka González, la Orquesta de Cámara de La Habana, la Orquesta de Angklung de Camagüey y otros invitados. Tocar en Cuba se le ha presentado como una oportunidad única y, por ello, refiere haberse tomado muy en serio la organización del concierto: “He estado probando con diferentes opciones, desde varias perspectivas, hasta he cambiado el programa un par de veces. Finalmente, estoy convencida con la versión final, que incluye una primera parte dedicada al tema antibélico, y otra segunda a las personas que se mantienen fuertes, felices y optimistas en cualquier circunstancia.”

“Para ello le he pedido a unos pocos y excelentes compositores que escriban sobre esos dos temas. Uno de ellos es Theodore Wiprud con la pieza Jump, y el otro Richard Sussman, con Spirit Guide, así que habrán algunos estrenos mundiales en el concierto. Otra de las piezas que destaca es Juicy, de Jarowslaw Kapuscinski. Esta se acompaña de un video donde se igualan los elementos de audio e imagen, con sonidos electrónicos controlados por un programa de inteligencia artificial, Antescofo, desarrollado por el compositor Marco Stroppa.

“Siento que, aunque no conozco muy bien la escuela cubana de música, llevo algo que me acompaña, y es la influencia de mi profesor Dr. Mikowsky, quien ha tocado para mí parte de ese repertorio. Lo recuerdo una vez dándome una rumba para tocarla como parte del programa adicional una vez en un concierto en Shanghái. Sé que Cuba es bastante rica en cuanto a su cultura y música, pero nunca he tenido la oportunidad de tal experiencia. Esta será la primea, y mi siento emocionada con ello.

“Por otra parte me ha impresionado el trabajo del Festival, me parece tan genial. Con ello se atraen a artistas y músicas de varias partes del mundo, en especial de Estados Unidos, que resulta más difícil. Tanto las culturas como las gentes necesitan del intercambio.

“La razón por la cual fundé el Face Art Institute of Music en mi país tiene mucho en común con el proyecto de Brouwer, pues la idea es que el Face Art sirva como punto de encuentro de los artistas, como puente para los estudiantes y la audiencia de allí. Hemos ido creciendo e impactando al punto de que nos visitan numerosos músicos y primeros ministros de China. Nuestros estudiantes han ganado cerca de 60 premios, tienen la oportunidad de conocer otros países, hacen amigos y logran influenciarse entre ellos.”

¿De dónde viene la idea de experimentar con objetos para crear nuevas sonoridades?

“La idea, en realidad, no empezó conmigo. Quizá con Beethoven o Mozart, o incluso antes. Lo cierto es que a través de la historia, la gente ha intentado encontrar y crear nuevos sonidos con el piano. En los siglos XX y XXI la tecnología logra hacer una diferencia mayor, complementando la música con sonoridades electrónicas y efectos visuales, a fin de expandir el cada vez más creciente horizonte de melodías y armonías pianísticas”.

Ante una artista tan impredecible, no puede faltar la pregunta clásica que cierra buena parte de las entrevistas: la de los proyectos futuros. Otra vez, Jenny sorprende al hablar de su alianza con Ian Fenty, científico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA): “El objetivo es combinar música y ciencia, con el tema del medio ambiente y el efecto del calentamiento global en el agua. De ahí que el programa se llame Aqua Water.

“El otro proyecto es con Marco Stroppa, compositor de música electrónica y también científico del MIT. Con él me quedé fascinada por los sonidos electrónicos y los conceptos musicales provenientes del futurismo y del espacio, así que grabaré un disco con este tipo de música, siempre interpretada desde el piano, muy pronto.”

Usted dijo una vez que solo era una artista performática que utilizaba el piano como herramienta. Y le pregunto, ¿por qué el piano?

Es un instrumento que ha vivido a través de varios siglos, y ha sido expresado de muy diferentes formas por compositores de diversas culturas, historias y circunstancias. De alguna manera, en él encuentro espíritus y fantasmas, y también mucha agonía y esperanza. Además, el hecho es que, prácticamente hablando, el piano resulta el instrumento que mejor toco.

(Tomado de OnCuba Magazine)


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Acordes desde Sonia


sonia jacobsen
Sonia Jacobsen se describió a sí misma con cabello largo atado en cola de caballo para que pudiéramos reconocerla en el patio del Hotel Nacional de Cuba. Su tercera estancia en el país tuvo como motivo colaborar, en su rol de compositora, en el concierto Entre electroacústica y acústica, celebrado en la tarde del pasado domingo en la sala Ignacio Cervantes.

Con la salsa, todo empezó con la salsa, el interés por la música cubana, los elementos y sonoridades que la conforman, sus orígenes, con esa mezcla de africano y europeo que me pareció esencial para la historia de la música latina, y la historia de la música en general. Así que tomé la Isla como punto de partida, y llegué aquí con la intención de explorar la música cubana, de analizar sus componentes, y ver cuáles de ellos pueden rastrearse para llegar a sus raíces.

En ese primer viaje conocí por casualidad a Marita Rodríguez, profesora del Instituto Superior de Arte (ISA). Ella estaba interesada en una nueva música, algo que sonara diferente; así que le dije ok, está bien, te enviaré mi música. Se la envié y sí, le gustó mucho. Fue cuando me propuso hacer algo, un concierto o una grabación, quizá. Y con esa intención regresé el año pasado, con una amiga de Suiza, Michéle Rusconi, también compositora, para ver cómo podríamos lograrlo; hasta que finalmente se organizó este concierto, en conjunto con el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), con un programa bien interesante que combina piezas de música acústica y electroacústica.

El trabajar con músicos cubanos me brindó la posibilidad de notar ciertas diferencias con los músicos de Nueva York, a los que estoy más acostumbrada. Los de aquí tienen mucho de tocar desde dentro, apasionadamente. Y la cultura musical que tienen, de ritmos muy fuertes, les permite entender mejor mi música, que tiene cierta influencia del este europeo, al igual que muchos de los músicos cubanos que estudiaron en el extranjero.

Ya estando aquí he podido mantenerme más en contacto con las sonoridades cubanas, la timba, la rumba, el danzón y el son, que lo escuchas por todas partes, el jazz… Sucede que los jazzistas cubanos suenan justo como los mejores jazzistas de Nueva York, porque tienen un intercambio desde el exterior que les permite estar muy empapados con lo que se hace hoy a nivel mundial en materia de jazz. Sin embargo, no ocurre igual con la música clásica. Ellos se encuentran aun expuestos a la enseñanza tradicional -especialmente la escuela rusa- lo cual está genial, pero no es de los últimos cincuenta años.

En cuanto a la timba tuve una experiencia interesante. Antes de conocer Cuba, no lograba entenderla muy bien, no lograba apreciarla. Me interesaba más la salsa. Y así les ocurre aun a unos cuantos bailadores y seguidores de la salsa, que no pueden cogerle el gusto a la timba. Creo que la razón de ello es que, en primera instancia, la timba tiene un ritmo más oscuro, es más difícil de escuchar y bailar, comparada con la salsa tradicional de Colombia, Puerto Rico, etc. Asimismo, en sus inicios la timba tenía cierto parecido con la salsa electrónica, empleaba sonidos sintetizados y guitarra eléctrica. No era como la salsa tradicional que hacen los cubanos en Nueva York, que intenta ser más auténtica. La timba de Cuba es en parte opuesta a esa tradición. Luego, cuando llegué aquí, tuve un momento de giro al escuchar músicos cubanos tocándola en vivo: ¡ah, de eso es que va la timba!

Respecto a la música electroacústica… me encuentro ahora en una etapa exploratoria, incluyendo la obra de Juan Blanco, pues esa en realidad no es mi área. Mi música es una especie de mezcla entre el jazz, la música clásica y música del mundo; pues ahora pueden combinarse varios elementos y dirigir la música hacia donde uno, el creador, desee, sin poner en riesgo el producto o el arte.

A los músicos jóvenes de aquí les gustó mucho mi trabajo. Creo que de alguna manera se sienten muy identificados con mi música, que sin ser demasiado vanguardista incorpora mucho ritmo y energía: una especie de  música seria para gente joven. Me preguntaron si podía volver a colaborar con ellos, así que les estoy escribiendo una pieza específica, para otro concierto en conjunto con el Laboratorio, que se realizará en diciembre, quizá.

Actualmente combino el ejercicio de compositora con el de profesora de música latina en la Universidad de Carolina del Sur. La composición, no creas, tiene sus altibajos. Así que también hago de directora, aunque no me considere como tal. Antes solía tocar el saxofón, pero ya no.

-¿Y no extraña la interpretación?

-No exactamente. La vida del jazzista resulta ser demasiado dura a veces.

(Tomado de OnCuba magazine)