musaraña


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Leyenda mapuche


religion

Una de las más antiguas leyendas mapuches relacionadas con el origen de la naturaleza y el hombre cuenta que en el principio no existía nada en la Tierra. En el aire vivía un espíritu poderoso junto a otros más débiles. Un grupo de estos últimos se rebeló, y el poderoso los convirtió en piedras; puso sus pies sobre ellas y al partirse se formaron las montañas, los cerros. Algunos espíritus que sobrevivieron y mostraron su arrepentimiento, salieron de las piedras en forma de humo y llama volcánicas. Los más arrepentidos llegaron al cielo y se convirtieron en estrellas. El llanto de su arrepentimiento fue el origen de la lluvia. El espíritu poderoso miró la Tierra y la encontró triste; entonces  tomó un hijo suyo y lo convirtió en hombre que, al caer, perdió el sentido. La madre del espíritu-hombre quiso ver a su hijo, y abrió en el cielo una ventana: la luna. El espíritu poderoso vio solo al hombre y transformó una estrella en mujer para que le hiciera compañía. Luego, para que la mujer no se lastimara al caminar por la Tierra, el poderoso hizo nacer a su paso las hierbas y las flores, que, al ser tocadas por ella, se convertirían en selvas, aves y mariposas. El espíritu poderoso lo miraba todo por una ventana: el sol.

Tomado del libro Aprendiz de América, de Ernesto Sierra, Editorial Arte y Literatura, 2012.

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Bichos raros

Son aquellos que escriben cuentos fantásticos, que hablan de cosas que –salvo en las teorías de la Física- no existen. Son, también, aquellos que disfrutan perderse por mundos ajenos, experimentar las sensaciones de lo imposible.

Por y para esos bichos raros está dedicada Utópica penumbra. Antología de literatura fantástica ecuatoriana (Colección Sureditores, Ediciones UNEAC), compilado por el escritor guayaquileño JD Santibáñez; quien logró reunir once cuentos de ese género que, como él mismo anuncia desde el prólogo, ha sido visto “como un género menor, el hermano feo de la literatura “de verdad”.

¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?, de Solange Rodríguez, recrea un sistema, llamado ORBICOP, donde los seres humanos han quedado como raza inferior, a merced de otros seres extraños, en su propia Tierra; provocando asco y repugnancia por las bacterias que habitan sus cuerpos llenos de vida. Como Gulliver en el país de los caballos. En medio de tanta obsesión con lo limpio, a un hombre no le importa nada más que tocar a una mujer, infectarse en un ligero roce con ella.

Lo apocalíptico, ese recurso tan recurrente en la literatura fantástica, está presente en Utópica penumbra… gracias a Renata Duque, por su cuento Después. Un mundo donde todo se está extinguiendo, y a alguien le toca la (mala) suerte de vivir esa extinción, de ser inmune a ella. Un mundo donde, quizá, el hombre existió alguna vez.  

Grado Cero, de Gabriela Alemán, nos habla en primera persona de las alucinaciones “eledisíacas” de una joven, para quien las venas resultan conductos de microorganismos y sangre, y los cuerpos máquinas, y sus órganos piezas… Un personaje que cuestiona el hecho de que las locuras y visiones no formen parte de la cotidianeidad.

La crisis existencial de una célula del páncreas que pudo ser célula de la piel, del estómago o neurona, se convierte en rebelión, en el estado de experimentar, de sentirse libre para “recorrer las diferentes facetas del sistema y escoger el destino” se plantea en Elecciones, de la también guayaquileña Alexandra Dávila. Se presienten ciertas semejanzas con los movimientos sociales: cuando logra salirse, la célula ya no es célula, es virus, hay que atacarlo.

Así, del despojarse del cuerpo de uno para transportarse a otro, de lo demoníaco, fantasmagórico, repulsivo, impensable versan estos cuentos. Se recomienda entonces cuidado, que cuentos fantásticos no significan, precisamente, cuentos de fantasía.


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Latinoamérica multiplicada

latinoamerica

Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar, aunque dejen de ser tuyas para ser de los demás. Que al volcar el corazón en el alma popular, lo que se pierde de fama, se gana de eternidad. 

Atahualpa Yupanki, Coplas de baguala.

¿Existe, a las alturas del siglo XXI, una (nueva) literatura latinoamericana? Lanzó la pregunta Susana Haug, en su rol de moderadora, al panel “testosterónico” –como ella misma anunciara- conformado por Alejandro Zambra (Chile), Santiago Gamboa (Colombia), Ezio Neyra (Perú) y Diego Lombardi (Argentina). A lo que respondió el colombiano que sí, pero como mera etiqueta comercial, estrategia de marketing post-boom: “la literatura en español no es una sola, sino más bien rica en cuanto a sus diferencias; pero cuando es vista desde fuera hace que esas especificidades se reduzcan y pierdan”.

Desde lejos, América Latina parece un todo indivisible, un pedazo de tierra continental enorme y afronterizo. Desde dentro, la diversidad de realidades no ya por países, sino por regiones, la delata. Andina, amazónica, patagónica y desértica: América Latina es múltiple.

Incluso si se quiere ir más allá, según Neyra, “hay una serie de literaturas peruanas, argentinas, chilenas… Estamos en una etapa en la cual lo importante no son los grupos, manifiestos o las motivaciones grupales para defender cierto proyecto en común, sino más bien lo individual, lo que tiene uno mismo que mostrar como escritor”. Y agregó: “Pasa que existe por parte de las editoriales, agentes literarios y medios de prensa, el deseo de encontrar un nuevo boom latinoamericano. Pasa además que el mercado está demandando desde el extranjero cierto tipo de novela, que se supone trate del narco en caso de México o de violencia en Perú”. Desde el otro lado de la mesa, Zambra contestó que “el escritor que piense demasiado en sus lectores está jodido, pues la literatura que funciona desde la lógica comercial y no artística no existe”.

Desde lejos, América Latina es telar colorido con hilos de estambre, bolsitos “putumayas”, sombreritos de bombín y jipijapa. Desde cerca… a saber cómo es desde cerca. La búsqueda de identidad, según la Haug, se ha convertido para los narradores del continente en una sempiterna obsesión; problema que según el propio Zambra declaró, no resuelve la literatura, sino más bien lo revuelve, lo confirma.

Las cuestiones discutidas -la identitaria, del mercado, el lector, el editor, el librero- resultan en realidad elementos circunstanciales que llegan después de ese momento frente a la página en blanco. La hora en que según Lombardi no siente ningún temor o desafío; y que a decir de Gamboa solo es satisfactoria si logra escribir algo bueno para sí mismo o quizá “para el mundo que nunca me escribió” -como dijera una vez Emily Dickinson -. La hora en la que América Latina se hace, una vez más, múltiple.  

 


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Gamboa en primera persona

Santiago GamboaSantiago Gamboa se ha sentado a la mesa de la sala Nicolás Guillén por segunda vez en esta XXIII Feria del Libro, más que a presentar su novela Plegarias Nocturnas, a charlar un poco, entre pocos, de la literatura y la vida.

Yo no me fui de Colombia a los 19 años por ninguno de los motivos que tradicionalmente mis compatriotas –por desgracia- se fueron y se tienen que ir: por la violencia o miseria. Yo me fui ayudado por mi familia a estudiar a España. No es que fuéramos ricos, pero mis padres eran profesores de la universidad pública; y nos comprendían plenamente a mí y mis hermanos. Mi padre decía que comprar un libro no era un gasto, más bien una inversión, las casas que tienen libros tienen más valor. Mi infancia, por tanto, fue muy feliz. 

Ahora ya me acerco a los cincuenta, cosa que me produce mucho gusto porque siempre fui el jovencito. Me subieron de curso varias veces, y era el que todavía no tenía la mayoría de edad. Al acercarse uno a esta época de la vida, la sonrisa de la sorpresa empieza lentamente a retraerse y aparece una elegante melancolía. En mi caso, creo, ese sentimiento está relacionado con el paso de las novelas de argumento a las novelas de personajes, que me permite entenderlos de una manera más humana y profunda, como mirar a los ojos a alguien y decirle: “yo quiero saber quién tú eres”.

Respecto a la utilidad de la literatura… Mira, hace poco leí una bonita conferencia de un compatriota mío y extraordinario escritor, William Ospina, que se titulaba La utilidad de las nubes. Ahí dice que la poesía, la literatura tiene la utilidad de las nubes, y se pregunta cuál es esa utilidad, para responderse a sí mismo con un verso de Leopoldo Lugones “y las nubes servían para mirarlas mucho”. Pues para eso también sirve la literatura, para mirarse a uno mismo desde los libros, porque demuestran que la vida propia es poca vida y multiplican esa sensación maravillosa de estar vivo.

Mis libros son sin duda una relectura que yo hago de mi propia vida -de manera ficcional porque obviamente mi vida no tiene por qué interesarle a nadie-. Lo que yo hago es usarla como elemento de herramientas para las historias que escribo, pues creo en la literatura vivencial.

Igualmente, prefiero recurrir al uso de la primera persona, porque da la sensación de que al lector le están hablando al oído. Por eso mis personajes siempre cuentan ellos su historia. A mí como novelista lo que me interesa es la voz, crear una cadenas de voces, que me parece le da una temperatura y timbre muy bonito a mis libros, los intensifica.

El periodismo, por su parte, llegó después, cuando la realidad me agarró a puñetazos al irme a vivir a París, y tuve que empezar a mantenerme y producir algo de dinero para poder vivir. Generalmente, el periodismo es una especie de beca para el escritor, pues es el único sitio donde saber escribir te produce un ingreso rápido y directo. Se hace con los mismos recursos y materia prima, pero no es igual, porque en el periodismo no puedes contar nada que no haya sucedido. Sin embargo, le enseña muchas cosas a un escritor: hay que escribir rápido y hay que acabar lo que uno escribe, por ejemplo. Pasarse diez años haciendo una novela no es un heroísmo.

Lo genial del libro es que uno puede entregarlo y salir corriendo, no estar cuando la persona lo aprueba o rechaza. Es un momento de intimidad de los lectores, y uno no está ahí, por suerte. Ahora, el sueño de todo escritor es, por supuesto, que el lector sienta ante el libro propio cosas parecidas a las que uno ha sentido leyendo otros libros que admira. Si alguien ha sentido eso conmigo, habrá valido la pena.

A propósito de su novela Plegarias Nocturnas, el periódico español El País publicó una entrevista online.


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Policrítica en todos los tiempos

Aquí ofrezco, de parte de Cortázar, más razones para una Ley de Medios en Cuba, más razones para cuestionarnos, los que estamos en el intento de decir las cosas para bien, los que apostamos por Cuba, aun cuando la critiquen por sus malos olores.

 

 

cortazar4

Policrítica en la hora de los chacales

De qué sirve escribir la buena prosa,
De qué vale que exponga razones y argumentos
Si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo,
Lo mutilan, le sacan lo que quieren, dejan de lado el resto,

Vuelven lo blanco negro, el signo más se cambia en signo menos,
Los chacales son sabios en los télex,
Son las tijeras de la infamia y del malentendido,
Manada universal, blancos, negros, albinos,
Lacayos si no firman y todavía más chacales cuando firman,
De qué sirve escribir midiendo cada frase,
De qué sirve pesar cada acción, cada gesto que expliquen la conducta
Si al otro día los periódicos, los consejeros, las agencias,

Los policías disfrazados,
Los asesores del gorila, los abogados de los trusts
Se encargarán de la versión más adecuada para consumo de inocentes o de crápulas,
fabricarán una vez más la mentira que corre, la duda que se instala,
y tanta buena gente en tanto pueblo y tanto campo de tanta tierra nuestra
que abre su diario y busca su verdad y se encuentra
con la mentira maquillada, los bocados a punto, y va tragando
baba prefabricada, mierda en pulcras columnas, y hay quien cree
y hay quien olvida el resto, tantos años de amor y de combate,
porque así es, compadre, los chacales lo saben: la memoria es falible
y como en los contratos, como en los testamentos, el diario de
hoy con sus noticias invalida
todo lo precedente, hunde el pasado en la basura de un  presente
traficado y mentido.

Entonces no, mejor ser lo que se es,
Decir eso que quema la lengua y el estómago, siempre habrá
Quien entienda
Este lenguaje que del fondo viene
Como del fondo brotan el semen, la leche, las espigas.
Y el que espera otra cosa, la defensa o la fina explicación,
La reincidencia o el escape, nada más fácil que comprar el diario
Made in USA
Y leer los comentarios a este texto, las versiones de Reuter o de la UPI
Donde los chacales sabihondos le darán la versión satisfactoria,
Donde editorialistas mexicanos o brasileños o argentinos
Traducirán para él, con tanta generosidad,
Las instrucciones del chacal con sede en Washintong,
Las pondrán en correcto castellano, mezcladas con saliva nacional
Con mierda autóctona, fácil de tragar.
No me excuso de nada, y sobre todo
No excuso este lenguaje,
Es la hora del Chacal, de los chacales y de sus obedientes:
Los mando a todos a la reputa madre que los parió,
Y digo lo que vivo y lo que siento y lo que sufro y lo que
Espero.

Diariamente, en mi mesa, los recortes de prensa: París, Londres,
Nueva York, Buenos Aires, México City, Río. Diariamente
(en poco tiempo, apenas dos semanas) la máquina montada,
la operación cumplida, los liberales encantados, los
revolucionarios confundidos,
la violación con letra impresa, los comentarios compungidos,
alianza de chacales y de puros, la manada feliz, todo va bien.
Me cuesta emplear esta primera persona del singular, y más me cuesta
Decir: esto es así, o esto es mentira. Todo escritor, Narciso, se masturba
Defendiendo su nombre, el Occidente
Lo ha llenado de orgullo solitario. ¿Quién soy yo
Frente a los pueblos que luchan por la sal y la vida,
Con qué derecho he de llenar más páginas con negociaciones y
Opiniones personales?
Si hablo de mí es que acaso, compañero,
Allí donde te encuentran estas líneas,
Me ayudarás, te ayudaré a matar a los chacales,
Veremos más preciso el horizonte, más verde el mar y más
Seguro el hombre.
Les hablo a todos mis hermanos, pero miro hacia Cuba,
No sé de otra manera mejor para abarcar la América Latina.
Comprendo a Cuba como sólo se comprende al ser amado,
los gestos, las distancias y tantas diferencias,
las cóleras, los gritos: por encima está el sol, la libertad.

Y todo empieza por lo opuesto, por un poeta encarcelado,
Por la necesidad de comprender por qué, de preguntar y de esperar,
Qué sabemos aquí de lo qué pasa, tantos que somos Cuba,
Tantos que diariamente resistimos el aluvión y el vómito
De las buenas conciencias,
De los desencantados, de los que ven cambiar ese modelo
Que imaginaron por su cuenta y en sus casas, para dormir
Tranquilos
Sin hacer nada, sin mirar de cerca, la luna de miel barata con su isla
Paraíso
Lo bastante lejana para ser de verdad paraíso
Y que de golpe encuentran en su cielito lindo les cae en la cabeza.
Tienes razón Fidel: sólo en la brega hay derecho al
Descontento,
Sólo de adentro ha de salir la crítica, la búsqueda de fórmulas mejores,
Sí, pero de adentro es tan afuera a veces,
Y si hoy me aparto para siempre del liberal a la violeta, de los
que firman los virtuosos textos
por-que-Cu-ba-no-es-eso-que-e-xi-gen-sus-es-que-mas-de-bu-fe-te,
no me creo excepción, soy como ellos, qué habré hecho por
Cuba más allá del amor,
Qué habré dado por Cuba más allá de un deseo, una esperanza.
Pero me aparto ahora de su mundo ideal, de sus esquemas,
Precisamente ahora cuando
Se me pone en la puerta de lo que amo, se me prohibe defenderlo.
Es ahora que ejerzo mi derecho a elegir, a estar una vez más y
Más que nunca
Con tu Revolución, mi Cuba, a mi manera. Y mi manera torpe,
A manotazos,
Es ésta, es repetir lo que me gusta o no me gusta,
Aceptando el reproche de hablar desde tan lejos
Y a la vez insistiendo (cuántas veces lo habré hecho para el
Viento)
En que soy lo que soy, y no soy nada, y esa nada es mi tierra
Americana,
Y como pueda y donde este sigo siendo tierra, y por sus
Hombres
Escribo cada letra de mis libros y vivo cada día de mi vida.

Comentario de los chacales (vía México, reproducida con alborozo en Río de Janeiro y Buenos Aires): “El ahora francés Julio Cortázar… etc.” De nuevo el patrioterismo de escarapela, cómodo y rendidor, de nuevo la baba de los resentidos, de tantos que se quedan en sus pozos sin hacer nada, sin ser oídos más que en sus casas a la hora del bife; como si en algo dejara yo de ser latinoamericano, como si un cambio a nivel de pasaporte (y ni siquiera lo es, pero no vamos a poner a explicar, al chacal se lo patea y se acabó) mi corazón fuera a cambiar, mi conducta fuera a cambiar, mi camino fuera a cambiar. Demasiado asco para seguir con esto; mi patria es otra cosa, nacionalista infeliz; me sueno los mocos con tu bandera de pacotilla, ahí donde estés. La revolución también es otra cosa; a su término, muy lejos, tal vez infinitamente lejos, hay una magnífica quema de banderas, una fogata de trapos manchados por todas las mentiras y la sangre de la historia de los chacales y los resentidos y los mediocres y los burócratas y los gorilas y los lacayos.

Y así es, compañeros, si me oyen en La Habana, en cualquier
parte,
hay cosas que no trago,
hay cosas que no puedo tragar en una marcha hacia la luz,
nadie llega a la luz si saca a relucir los podridos fantasmas del pasado,
si los perjuicios, los tabúes del macho y de la hembra
siguen en sus maletas,
y si un vocabulario de casuistas cuando no de energúmenos
arma la burocracia del idioma y los cerebros, condiciona a los
pueblos
que Marx y que Lenin soñaron libres por dentro y por fuera,
en carne y en conciencia y en amor,
en alegría y trabajo.
Por eso, compañeros, sé que puedo decirles
Lo que creo y no creo, lo que acepto y no acepto,
Esta mi policrítica, mi herramienta de luz,
Y en Cuba sé de ese combate contra tanto enemigo,
Sé de esa isla de hombres enteros que nunca olvidarán la risa y
La ternura,
Que las defenderán enamoradamente,
Que cantan y que beben entre turnos de brega, que hacen
Guardia fumando,
Que son los que buscó Martí, los que firmaron con su sangre
Tantos muertos
A la hora de caer frente a chacales de dentro y a chacales de
Fuera.
No seré yo quien proclame al divino botón el coraje de Cuba y
Su combate;
Siempre hay alguna hiena maquinada de juez, poeta o crítico,
Lista a cantar las loas de lo que odia en el fondo de sus tripas,
Pronta a asfixiar la voz de los que quieren el verdadero diálogo,
El contacto
Por lo alto y por lo bajo: contacto con ese hombre que manda
En el peligro porque el pueblo
Cuenta con él y sabe
Que está ahí porque es justo, porque en él se define
La razón de la lucha, del duro derrotero,
Porque jugo su vida con Camilo y el Che y tantos que pueblan
De huesos y memorias la tierra de la palma;
Y también en contacto Con el otro, el sencillo camarada que necesita la palabra y el rumbo
Para impulsar mejor la máquina, para cortar mejor la caña.

Nadie espere de mí el elogio fácil,
Pero hoy es más que nunca tiempo de decisión y de aguas
Claras:
Diálogo pido, encuentro en las borrascas, policríticas diaria,
No acepto la repetición de humillaciones torpes,
No acepto risas de los fariseos convencidos de que todo anda
Bien después de cada ejemplo,
No acepto la intimidación ni la vergüenza. Y es por eso que
Acepto
La crítica de veras, la que viene de aquel que aguanta en el
timón,
de aquellos que pelean por una causa justa, allá o aquí, en lo
alto o en lo bajo,
y reconozco la torpeza de pretender saberlo todo desde un mero
escritorio
y busco humildemente la verdad en los hechos de ayer y de
mañana,
y te busco la cara, Cuba la muy querida, y soy el que fue a ti
como se va a beber el agua, con la sed que será racimo o canto.
Revolución hecha de hombres,
Llena estarás de errores y desvíos, llena estarás de lágrimas y
Ausencias,
Pero a mí, a los que tantos en horizontes somos pedazos de
América Latina,
Tú nos comprenderás al término del día,
Volveremos a vernos, a estar juntos, carajo,
Contra hienas y cerdos y chacales de cualquier meridiano,
Contra tibios y flojos y escribas y lacayos
En París, en La Habana o Buenos Aires,
Contra lo peor que duerme en lo mejor, contra el peligro
De quedarse atascado en plena ruta, de no cortar los nudos
Machetazo limpio,
Así yo sé que un día volveremos a vernos,
Buenos días, Fidel, buenos días, Haydée, buenos días mi Casa,
Mi sitio en los amigos y en las calles, mi buchito, mi amor,
Mi caimancito herido y más vivo que nunca,
Yo soy esta palabra mano a mano como otros son tus ojos o tus
Músculos,
Todos juntos iremos a la zafra futura,
Al azúcar de un tiempo sin imperios ni esclavos.

Hablémonos, eso es de hombres: al comienzo
fue el diálogo. Déjame defenderte
cuando asome el chacal de turno, déjame estar ahí. Y si no lo
quieres,
oye, compadre, olvida tanta crisis barata. Empecemos de nuevo,
di lo tuyo, aquí estoy, aquí te espero; toma, fuma conmigo,
largo es el día, el humo ahuyenta los mosquitos. Sabes,
nunca estuve tan cerca
como ahora, de lejos, contra viento y marea. El día nace.

* Explicación del título: Hablando de los complejos problemas cubanos, una amiga francesa mezcló los términos crítica y política, inventando la palabra policritique. Al escucharla pensé (también en francés) que entre poli y tique se situaba la sílaba cri, es decir grito. Grito político, crítica política en la que el grito está ahí como un pulmón que respira; así he entendido siempre, así la seguiré sintiendo y diciendo. Hoy hay que gritar una política crítica, hay que criticar gritando cada vez que se lo cree justo: sólo así podremos acabar un día con los chacales y las hienas.


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Mi pago

Diez de la noche. 23 y 0. Cualquier día. Si es fin de semana, peor. La Habana y su parte decadente. La gente buscando, no hablo de buscar dinero, hablo de buscar, no sé, otra cosa, otro paisaje, otras luces, otras calles y otras gentes. Necesitan respirar. No quiero decirlo así, pero debo: veo gente cansada y vieja, que no se encuentra en su país, que no se sienten, me duele más, como país. Hace poco encontré, en lecturas recomendadas, este diálogo:

-Porque en Cuba todavía tengo la impresión de que muchas cosas dependen de los que vivamos allí.

-Hay miles de personas que pagarían por tener esa sensación.

-No. Miles no. Muy pocas. Se paga por lo contrario.

Yo pagaría por todos, pagaría para que todos tuvieran estas ganas que no son solo mías, que fueron en sus días -en otro contexto pero con igual intención- de Virgilio: formar parte. Decir luego, yo estuve ahí. Estamos en pleno proceso de cambios, vienen lentos, lo sé, pero yo, sin importar que me tilden de ilusa, confío en ellos. Pago entonces por darles a todos un poquito de fe, de confianza, para creer, cito otra vez, “en algo inmaterial que impulsa la materia”.


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La noche del capitán

No hay nada que incomode más en una librería que otra persona, a tu lado, lleve alrededor de nueve minutos con un libro en la mano, hojeándolo, echándole lecturas rápidas, sin decidirse a comprarlo. A uno le entra algo, un no-sé-qué mezcla de curiosidad (¿qué tendrá el libro?) con incertidumbre (¿se lo llevará o no?), desespero (pero bueno, ¿cuándo lo suelta?) e impotencia (y que no se lo puedo quitar, coño). Hasta que él o ella cierra el libro (¡por fin!) y se va derechito a la caja de pago. O mejor, lo deja donde mismo estaba, en la tercera fila del segundo estante. O mucho mejor, lo coloca exactamente en tus manos… No hay nada que alivie más en una librería que alguien se retire y te ceda un libro.

Los pasos en la hierba. Eduardo Heras León. Edición interesante a la vista (Letras Cubanas, 2005). Lo abro inmediatamente y comienzo a “escanearlo”, de atrás hacia adelante. Algo menos de diez cuentos y, además, cortos. Justo lo que necesito en tiempos de tesis. Sigo examinando y me encuentro: “La noche del Capitán”. El título me recuerda una lejana conversación con mi tía de Lawton. No sé a qué viene eso pero no importa, sigo leyendo: Al 1er capitán Octavio Toranzo, in memoriam.

Se me aguan los ojos. Lo que son los extraños cercanos. El poder que tienen de invocar recuerdos, pasajes y emociones que no existen.

Un hombre que murió veinte años antes de que yo naciera; que vi en fotos oficiales, nunca en fotos de familia; que conocí cuando aprendí a leer gracias pequeñas biografías en viejos recortes de periódicos. Un hombre al que le debo el apellido.

De él sé cuándo y dónde nació, cómo se incorporó al ejército y cuáles fueron sus méritos una vez allí. Pero las biografías no cuentan ciertas historias: el primer encuentro con mi abuela; el momento en que conoció a mi madre y la última vez que la vio sin despedirse, sin sospechar; el hijo –mi tío- que nunca conoció.

Creo que mi tía la de Lawton lleva años buscando este libro, y yo me lo encuentro así, al descuido, un día en que decido entrar a la librería para darme el gusto porque ando con dinero. Creo que ella quiere saber cómo era. Y yo, que nunca me interesé por el tema ni me dio por preguntar, de pronto también quiero. Los extraños cercanos.

Aquí está el cuento. A mi mamá no le gustó lo que descubrió (¿confirmó?) de su padre. A mí me dio por pensar si en esa noche ya existía ella y, entonces, potencialmente yo. Ese texto construye un pedacito de mi existencia, explica mi forma miedosa de ser. En algo parece que salí a Octavio, el abuelo que registra mi inscripción de nacimiento.