musaraña


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Conservación

 

NARANJAS¿De qué sirve el estado de conservación? A mi lado dicen que para que la especie no se pierda. Pero si la especie se pierde, digo yo, la especie no se enteraría de su propia pérdida. El estado de conservación, pues, sirve para la entereza de la especie, en este caso del hombre. La entereza no es, precisamente, la condición opuesta a la pérdida. La entereza es la concientización del hombre de que él se necesita a sí mismo y solo a sí mismo para trascenderse (o al menos eso dice Nietzsche).

No sé si me hago explicar. El hombre necesita estar completo, en una sola pieza, para poder pensar, para poder vivir, para poder hacer algo. El hombre que no se conserva pierde la capacidad de pensar, de poder vivir, de hacer algo. Si el hombre pierde una parte incluso es peor: buscará completar esa parte que lo llevará al estado de conservación, y será ese el único motivo de su existencia.

No pueden haber, lo que se dice, medias naranjas. El hombre debe ser capaz de producir para sí mismo su media naranja; y garantizar así su estado de conservación. Cuando deja en manos de otro su estado de conservación es susceptible a que esa parte se pierda. Y otra vez el hombre saldrá a completarla, volviéndose loco hasta la desesperación. Y así, en un ciclo infinito.

La pregunta es: ¿quiere el hombre ese estado de conservación? ¿de qué le sirve?

john-lennon


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Plis, smile

smile copy

Smile, you are in a movie. Una movie con filtro naranja, como las películas francesas, como Amélie, como Jeux d´ enfants. Como las fotos que ahora todos suben sudando fiebre a Instagram con filtros y tonos naranja falsos. Nostalgia por el pasado emulsionado de las fotografías, nostalgia por el cuarto oscuro, el tiempo, la espera, la expectativa para ver cómo ha quedado una foto, nuestra foto. Nostalgia quizá por el grano de los 35 milímetros y la cruz hecha a lápiz como aviso del corte. Nostalgia no más que inventada. Nostalgia estética.

Smile, you are in a movie. Una movie, nuestra movie, collage de los días más locos, esos en los que dices quererme y al rato no soportarme. Esos en los que me besas y me muerdes y me revisas a ver cuánto de mi carne te has llevado entre tus dientes. Y, como si nada, me vuelves a besar. Una movie de bandas sonoras como gritos, alaridos agudísimos de tu existencia esquizofrénica. Y nunca, nunca, silencio.

La mañana que comenzó esta película andábamos tarareando Pétalos de sal, a lo Leonor y Fito, sin Baires ni Madrid. La Habana. Y tú podrías darme fe…

La última tarde en que dejé esta película me sorprendiste escondida detrás de los arbolillos de G y 23, placiéndome desde mi condición de voyeur, disfrutándote, mientras Raúl Torres y David Torrens me decían al oído quién sabe si mañana tu luz con mi blues sustituyen un día al sol y el cielo…

Smile, you are in a movie. Una movie apta para sensibles, románticos, cardíacos, vulnerables, bipolares, gente extrema, delirante. Apta para quienes el equilibrio está precisamente en el desequilibrio. Mental y emocional, no físico. ¿O también físico?

Smile, you are in a movie.  Una movie absurda y fugaz.