musaraña


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Mi noche con Habana Abierta

Desde que se anunció el concierto de Habana Abierta (anunciado primeramente en el Karl Marx) me hice la idea de que no podría ir. Esas entradas ya están compradas. Después que en el Karl Marx no, que en el Salón Rosado –sin dudas el mejor lugar-  y ahí me dije esta es la mía, aunque tenga que entrar cruzando la cerca del costado de la Tropical, como hacía casi todos los viernes de electrónica, con 16 años y sin miedo a caerme.

Mandé a mi madre a fajarse en la cola de la venta de entradas en el cine La Rampa. No consiguió, pero sí el teléfono de la muchacha encargada de las ventas, ¡adoro a mi madre! Se encargó además del trámite por teléfono y “cuadró” para recoger las entradas a las ocho en casa de la muchacha. De ahí, le pasó la bola a Albita, que finalmente tuvo en su mano las papeletas con la pegatina Habana Abierta para el viernes a las nueve.

Pensé que no tendría mi entrada, y la tuve. Pensé que podría ¡al fin! ir al concierto, y no pude.

Me pasé la noche contándole a un enfermero cómo nos perdimos en Guajaibón, cómo cruzamos el río para acampar en Canasí, cómo este año subí el Turquino… mientras escuchábamos un par de temas de Habana Abierta, para no sentirnos fuera.

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