musaraña


Deja un comentario

Algunas problemáticas del sistema de educación en Cuba

con aportes de Arianna Ceballo

Recientemente se ha anunciado una reforma en el actual sistema de educación cubana, que responde en parte al proceso de actualizaciones que transita hoy nuestro país. Reforma que espero se enfoque en las principales problemáticas de la enseñanza en todos sus niveles, y no se estanque en la superficialidad de algunos cambios aislados, desarticulados e incoherentes.

Por problemáticas tenemos en primer lugar -y hablo desde mi cortísima pero no pobre experiencia como profesora de un técnico medio- la estrechez en las concepciones en torno a qué es y cómo debe ser la educación. Por ella se entiende, creo que equivocadamente, emitir clases y conferencias desde la posición verticalista de profesor dominante, omitiendo cualquier relación horizontal de retroalimentación entre profesores y alumnos; o sea, partir de la premisa de que vamos a enseñar no a que nos enseñen. Nosotros les “abrimos” el mundo de la literatura, pero nunca les preguntamos qué leen, cuáles son sus acercamientos, motivos, preferencias, etc. Nunca investigamos –uso plural de modestia, pero en realidad me excluyo- cuáles son las tendencias actuales de la lectura en los jóvenes preuniversitarios. Y de aquí se deriva otra cuestión: la obsolescencia de algunos programas. Por ejemplo, en la asignatura español-literatura se imparten los clásicos de esa materia: La Ilíada, Don Quijote, Romeo y Julieta, La casa de Bernarda Alba, El reino de este mundo… Sin embargo, no se imparte nada de literatura contemporánea, y me refiero a la de ahora, la del siglo XXI, que refleja inquietudes más propias y cercanas al contexto actual, lo cual facilita la inmediata identificación del joven con lo que está leyendo y, por tanto, con su acontecer. Otro ejemplo, tuve la oportunidad de llevar a un grupo de niños a la pasada Feria Internacional del Libro. Sus compras se limitaban, en algunos de ellos, a libros “para la escuela”, “para hacer los trabajos prácticos”. Y eso creo que es resultado del desconocimiento de los propios profesores, que no les permite orientar a sus alumnos en función de la lectura como entretenimiento y placer, más que en función de la búsqueda de informaciones y conocimientos.

Otra de las premisas erróneas es creer que los alumnos son deformaciones de otros niveles y (mal) actuar en función de ello. Ejemplo: una profesora de español-literatura me explicaba que los estudiantes venían ya con deficiencias desde la secundaria que a su vez arrastraban desde la primaria. Y aunque concuerdo en este punto, no comparto su absolutismo, pues ella –y así muchos otros- nunca se planteó la posibilidad de que los alumnos hubiesen apre(h)endido “aunque sea algo, alguito”; por tanto, había que empezar todo desde el principio, es decir, desde la gramática básica de sujeto y predicado, el uso de la s, c, z, v, b y todo el abecedario. Entiendo los errores garrafales que se cometen incluso en la universidad, pero no creo que la metodología de la repetición funcione. De hecho, si no funcionó anteriormente, ¿por qué volver a asumirla?

La repetición de contenidos es uno de las problemáticas principales, que desgasta tanto al alumno como al profesor. Sucede igualmente en el programa de la asignatura Historia de Cuba. Se imparte en sexto, noveno, onceno y duodécimo grado; repitiéndose, repitiéndose y repitiéndose. Para que no se me malinterprete, debo explicitar que no menosprecio la asignatura; por el contrario, la defiendo siempre que esté en función de la conformación de nuestras identidades y la comprensión de nuestras realidades –perdón cacofonía-, y no de la mera reproducción de hechos, valoraciones y fechas.

Ante una prueba de Historia, los estudiantes sienten que deben aprendérselo todo de memoria, con exactitud y precisión en los datos. Esto argumenta la idea de que no se apunta al análisis de las causas y consecuencias, al entendimiento de los hechos como procesos y no como situaciones de un día o unos años, a la capacidad de los alumnos para generar sus conclusiones. En fin, se está lastrando la cultura del pensamiento propio; y luego nos preocupamos porque los jóvenes padece de incultura y descompromiso. Si no los educamos dentro de la concepción de que hay que cuestionárselo todo, incluso a uno mismo, no lograremos que analicen el pasado en función del presente y futuro, que se apropien de los usos nietzschianos -¿o nietzschiences?- de la Historia, que la utilicen en pos del cambio y la transformación de la realidad actual.

Igualmente respecto a esta asignatura, y ya por último, traigo una anécdota. El día que les leí en clase poemas de La pupila insomne, de Rubén Martínez Villena, una alumna me preguntó por qué en Historia no decían que el de la Protesta de los Trece escribía poesías tan lindas. La humanización de las figuras históricas no se contempla en el programa. Martí no sufrió la separación de su hijo ni Mella tuvo una de las relaciones de amor más hermosas con su Tina.

Otra de las asignaturas que me incomoda es la Educación cívica que se imparte en quinto grado, y que efectivamente se dedica al estudio de valores morales y comportamientos. Pero hasta ahí las clases, porque de quinto no pasa. Y después nos alarmamos por la crisis de valores.

La educación cívica debería enfocarse en construir una cultura del derecho, de conocimiento de las legislaciones y del aparato gubernamental, para los niveles secundario y preuniversitario, porque ¿qué joven conoce cómo se estructura nuestro Estado y cuáles son las leyes que lo rigen? ¿qué joven conoce la Constitución, el Código de familia, el Código de la niñez y la adolescencia?

De la enseñanza artística ni hablar. No me refiero a la especializada sino a la básica la secundaria, pues en la primaria he encontrado buenas experiencias, sobre todo en las teleclases. Y aquí entra otro problema, la limitación de esta enseñanza a esos niveles, como si la apreciación del arte no fuera objeto de interés o peor, no fuera objetivo a lograr en los jóvenes preuniversitarios. Muchos de ellos no han puesto un pie en el Museo Nacional de Bellas Artes, por mencionar un espacio, y eso es responsabilidad también de los maestros que no lo incentivan, que se acomodan en las diapositivas y quizá ahora en la producción en serie de Artex.

Entonces nos preguntamos, tal como Lisardo García, vocero del MINED, el “por qué si las asignaturas de Humanidades son las que reciben más horas-clase, el pensamiento humanístico de los estudiantes es tan primario, y por qué existen entonces tantas deficiencias en la cultura artística y ciudadana”. Las respuestas están en parte planteadas. Esperemos entonces a ver de qué va la reforma.


3 comentarios

Instatáneas del técnico

La profesora de buena fe se presenta delante en el matutino -acto digno de admiración por valentía- y comienza a elaborar un discurso sobre la importancia de la protección del medio ambiente. Cien muchachos de 15, 16 y 17 años no tienen ni que fingir que no la escuchan, porque el resto del claustro tampoco lo hace.

La directora se pasea con un palo en la mano por los pasillos, si siente algarabía, entra al aula y da con el palo sobre una mesa. Todo el mundo salta, incluida yo, la profesora, que tengo que esperar a que termine de dar con el palo en la mesa, suelte su sermón-para-nada y me deje continuar la clase sin pedir siquiera disculpas por la interrupción.

El profesor pepillo -celular en mano, gargantilla de oro, súperhebilla en el cinto- entra al aula mientras hablo de Sor Juana Inés. No pide permiso, solo entra, se dirije a la última mesa donde se sienta la alumna pepilla -cara, cartera y zapatos bonitos- y le pide que por favor le preste su teléfono. Ella le dice que para qué lo quiere. Él que para llamar rapidito, ella que no invente tanto, y yo que si él no entiende que estoy en clase. Se encoge de hombros y sale. Al minuto, se arrima a la ventana e insiste.

La profesora de guardia viene y me regaña -parezco una alumna más- y me grita desde el otro extremo del pasillo que porqué dejé salir a los muchachos quince minutos antes de que acabara el turno. Porque ya terminé, y no tiene sentido dejarlos alborotando hasta que suene el timbre. Pues ahora vas corriendo pa´ la dirección y se lo dices tú mismitica a la directora, que no voy a ser yo quien pague tus platos por soltarlos temprano, que es contra el reglamento. Está bien, yo voy. Y me dirijo a la oficina principal, pero está vacía.

Una hora después, la misma profesora se acerca despacio, habla bajito y me pide que suelte a los muchachos ya (es otro grupo), que son las cinco de la tarde y ellos viven lejos, imagínate.

Pobrecita, está de guardia, y está obligada a ser la última en abandonar el centro.