musaraña


9 comentarios

Por Cuba

Yo no sabía qué me unía a esta gente. Si el periodismo, o la web, o las ganas de conocer Cuba subiendo lomas, con el fango hasta los tobillos. Porque al menos para mí no era este blog lo que me unía, lo que me une.

blogueros_cmg_2014_0159

He pasado un año y medio –desde que me colé en la lista de fallos de Topes de Collantes- sintiendo a esta gente. Los leo, pocas veces les comento o los comparto. Y no porque no quiera, sino porque mi modo de lectura off-line (guarda página y lee luego en casa) me deja los comentarios pendientes que, para el otro día son sustituidos con nuevos posts y comentarios otra vez pendientes. Lo importante, en verdad, es que a veces los extraño. Decir que los extraño siempre sería una mentira mía, poco creíble además.

Siempre pasa que me emociona verlos a todos. Me parece genial que suceda, que exista en verdad un grupo que supera lo insuperable para encontrarse cada seis meses. Y que yo pueda ser parte de ese grupo.

Encontrarse con una excusa que ya no lo es tanto, o al menos lo sentí yo así en este último viaje. La blogosfera –como excusa, insisto- se va quedando un poco atrás en esta historia. Ha dado paso a la amistad y las tremendas ganas de vernos. No puedo decir si eso es bueno o malo. Tampoco creo que haya que decir si es bueno o malo. Es.

10408520_735055783247814_5999911636474990340_n

Hay un grupo que dice. Un grupo que intenta hacer algo, aunque a algunos no nos quede muy claro qué. Un grupo que sobrepasa el calor, la burocracia, las guaguas, la gente “de arriba”, los malos olores de las esquinas –perdón Alejandro- y toda cuanta cosa le critiquen a Cuba.

Tunie lo dijo el primer día: “gente que no se quiere ir de este país, que quiere trabajar aquí, que quiere hacer periodismo aquí”. Entendí entonces que era precisamente eso, pero que yo nunca lo había visto así, nunca lo había sentido así. Gente que no se quiere ir de este país. Y yo agrego: a menos que la maldita circunstancia virgiliana nos lance del otro lado. Gente que se quiere aquí. Yo entre esa gente.

DSC_0076

PD: Ojalá y el tiempo, o el calor, la burocracia, las guaguas, la gente “de arriba” y los malos olores de las esquinas, no nos pasen la cuenta.

Anuncios


1 comentario

Nostalgia por Sancti Spíritus

sancti-spiritus

Cuando digo que me gusta no, que me encanta Sancti Spíritus, los demás me miran como con mala cara. ¿Ya viste Cienguegos?, preguntan. Y yo que sí, el Castillo de Jagua, el Parque de las estatuas, el Malecón con el edificio de Radio Ciudad del Mar al frente, el Boulevard, el Terry, el Muelle real… Ya recorrí también Matanzas, Pinar, Santiago, Holguín… Y yo empecinada. Porque no hay ciudad en Cuba a la que haya regresado tanto como a Sancti Spíritus, a la que haya necesitado tanto regresar.

Sancti Spíritus es fritura de maíz y carnaval en el medio de la carretera central (al carajo la cacofonía), es madrugada y amanecer en el Serafín Sánchez, es alcohol y música en el Café Teatro, es el cimbrar de aceras y estruendo del tren que pasa en Colón, es cruzar una y mil veces ese puente del Yayabo que divide la ciudad en dos mitades opuestas: centro y suburbio, es caminar y caminar hasta el Paseo Norte porque hasta allá no llegan coches, es el karaoke de hace como cinco años, la bolera, el Coppelia donde rara vez encuentro helado, el Boulevard con su librería donde compré mi primera Siempreviva, la biblioteca tan elegante y sobria… Es mi primer beso escondido. Parte de lo que he vivido, deambula por esas calles.


Deja un comentario

Leyenda mapuche


religion

Una de las más antiguas leyendas mapuches relacionadas con el origen de la naturaleza y el hombre cuenta que en el principio no existía nada en la Tierra. En el aire vivía un espíritu poderoso junto a otros más débiles. Un grupo de estos últimos se rebeló, y el poderoso los convirtió en piedras; puso sus pies sobre ellas y al partirse se formaron las montañas, los cerros. Algunos espíritus que sobrevivieron y mostraron su arrepentimiento, salieron de las piedras en forma de humo y llama volcánicas. Los más arrepentidos llegaron al cielo y se convirtieron en estrellas. El llanto de su arrepentimiento fue el origen de la lluvia. El espíritu poderoso miró la Tierra y la encontró triste; entonces  tomó un hijo suyo y lo convirtió en hombre que, al caer, perdió el sentido. La madre del espíritu-hombre quiso ver a su hijo, y abrió en el cielo una ventana: la luna. El espíritu poderoso vio solo al hombre y transformó una estrella en mujer para que le hiciera compañía. Luego, para que la mujer no se lastimara al caminar por la Tierra, el poderoso hizo nacer a su paso las hierbas y las flores, que, al ser tocadas por ella, se convertirían en selvas, aves y mariposas. El espíritu poderoso lo miraba todo por una ventana: el sol.

Tomado del libro Aprendiz de América, de Ernesto Sierra, Editorial Arte y Literatura, 2012.