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GreenCh en primera persona

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En el mundo de la música electrónica, a Jorge Enrique Peña no se le conoce por su nombre real, sino por GreenCh, el seudónimo que eligió para presentarse hace cuatro años como productor-compositor. Su primer álbum en solitario, Lost in Discopolis, le valió una nominación al Cubadisco 2014, excusa suficiente para esta conversación.

Lost in Discopolis surge en un momento en el cual Arquitecto vs. GreenCh, el proyecto de música electrónica que llevo en conjunto con Dayron Cardona, atravesaba una especie de “down” creativo. Así que empecé a trabajar solo en la casa, durante cerca de seis meses, separándome de alguna forma de la estética que había mantenido hasta entonces en el dúo. La idea de Discopolis hace una analogía a Metrópolis, y viene a ser como la gran ciudad del disco, en la que estamos perdidos. Los temas evocan psicodélicamente eso: lugares de la ciudad.

Inicios…

El disco, debo decirlo, nació de cero. No hay en él un remix, ni fragmentos de piezas anteriores. Todas son originales, pensadas y creadas con ese objetivo. Intenté además mantener una coherencia con el nombre del disco, las canciones, el diseño, la imagen; de manera tal que conformara una sola idea.

Ya en cuanto a género, se trata de un disco dance, que no comercial. Transita bastante lo que es el french house y el sim pop, que resultan vertientes de música electrónica influenciadas por el funk y la disco de los ’80. Tiene también un poco de lo que llamamos experimental y algo de rock en su variante más retro. Creo que es un disco bastante logrado gracias a su estructura, porque incluye diez temas relativamente cortos, no esos de ocho o nueve minutos que pueden estar bien para cuando estés bailando, pero no para cuando estés sentado, tan solo escuchando.

Como se trata de una producción independiente, uno es el que tiene que encargarse de todo el proceso del álbum, desde escribir la música —que de hecho no la escribimos, sino que la hacemos en la computadora— hasta el diseño, mezcla y masterización. Todo eso va por ti o, de lo contrario, por algún amigo que te ayude, como fue el caso del diseño de portada y contraportada del disco. La mezcla y masterización además de ser una tarea bastante tediosa, resulta un terreno desconocido para la mayoría de nosotros los productores. Y si a eso le agregas que aquí en Cuba son pocos los ingenieros de sonido que saben trabajar con las sonoridades de la electrónica, pues están más acostumbrados a lo analógico, no queda otra que hacerlo uno mismo, a como entiendas. Todo eso sin contar conciertos, campañas de promoción, etc. Es en verdad muy difícil, y para nada remunerado. Yo desde que hago música electrónica de forma profesional, desde que pertenezco a una empresa, hace ya unos tres años, no he ganado un peso con esto. Lo hago porque me gusta, y ya.

Ventajas, pero también desventajas…

La ventaja de eso es que al final tienes total libertad, artísticamente hablando, para crear y enfocar tu carrera musical. Tú eres libre de hacer lo que te de la gana, porque no estás circunscrito a ningún tabú, ni a ninguna regla ni a nada.

La desventaja es que, institucionalmente hablando, a nadie le interesa tu trabajo. Es una realidad: a las disqueras cubanas no les interesa la música electrónica hecha en Cuba. También hay una concepción, a mi criterio errada, que cuando la música electrónica no tiene una base de percusión cubana, un ritmo autóctono tradicional, te dicen: “esa gente hace música de “yuma”. Pero es que el patrimonio musical mío, con todo el actual acceso a la información, es mucho mayor, tanto nacional como internacional. Entonces cuando vas con una propuesta, no solo a una disquera sino a un club, y no le escuchan el “cubaneo” por alguna parte, te rechazan, te planchan. Y esto no solo ocurre con la electrónica, sino con la fusión, el hip hop, el rock, que se encuentran en igual posición a nosotros como géneros underground, con inquietudes musicales que, por determinadas razones, no les llama la atención a las instituciones.

Cubadisco 2014…

En el Cubadisco la categoría de música electrónica se abrió el año pasado. Y la abrieron tarde, porque aquí hace años existe todo un movimiento de producciones independientes que ha tomado fuerza, y que el evento no puede obviar.

Al final, y por suerte, Lost in Discopolis quedó nominado al Cubadisco 2014, algo que siempre viene bien, un reconocimiento a tu trabajo. Y más cuando tu trabajo te cuesta tanto trabajo, valga la redundancia.

Ahora, cuando termina el evento, cuando cumple su plazo, ¿qué pasa con esos discos que están nominados?, ¿qué pasa incluso con los premios? Nada. Al premiado le producen un disco, le hacen varias copias, una campañita para un concierto, y quizá un video clip. Por eso mis expectativas son inciertas. No me parece que alguna disquera venga a tocar ahora la puerta de mi casa interesada en mi música, no lo creo. Eso sí, por haber sido nominado con mi primer disco siento que debo hacer algo con él, un concierto en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, a finales de este año o principios del próximo, quizá.

¿Tienes algún plan personal para la distribución de Lost in Discopolis?

Ninguno. Yo mi música la regalo.

Tomado de Arte joven cubano.

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