musaraña


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Foto de familia

 

… vivimos añorando algo, algo que nunca más volvió
Carlos Varela

Una vez al año me encuentro con la gente que más quiero. A veces más, avecesmenos. Muchas veces menos que más. Pero del lobo un pelo, como dice mi madre, y a contentarse y a no llorar, y a vivir cinco días, o tres o siete o veintiuno como si fuesen los trescientos sesenta y cincodel año. Porque son los únicos días y entonces no valen peleas, rencores ni llantos.

foto de familia 1

Me dicen que este sistema ha separado muchas familias. No me parece. No creo en los sistemas, creo en las familias. Creo en la unión y la preocupación a distancia, en las viejas fotos de cuando estábamos todos juntos, en las reuniones y en las comidas… Creo también en las discusiones y los encontronazos, porque son parte de nosotros, de nuestra historia como familia. Creo en todo lo que una, por lo bueno y por lo malo.

Me preguntan si quiero emigrar, respondo que no. Me preguntan que en cuál país me gustaría vivir, respondo que por ahora en éste. Me preguntan si no quiero aunque sea conocer. Argentina, respondo. Quiero viajar hasta el sur, llegar a la Patagonia y pasar ahí un buen tiempo. Nada más. Se extrañan por la Patagonia. Los paisajes, justifico. Hay paisajes preciosos en Europa, en Estados Unidos. De momento no me interesan. Insisten. Alguien a mi lado, callada y cansada lo comprende. Mi estado es otro.

Sin embargo, mi estado también se mantiene. Es esa cuestión complicada de los estados y las identidades cambiantes. Ayer quería subir París, hoy quiero bajar Latinoamérica, mañana quizá… No sé. Pero el estado de cuando se van es siempre el mismo. Siempre la misma sensación de vacío de aquel viernes 17 de septiembre de 1999; de aquel otro día de despedida fea en el que solo recuerdo que ella me dijo “me tienes envidia porque me voy a un país frío y tú no”. Pero ella era una niña de nueve años, y aunque me dolió, qué caso le podría hacer. La misma sensación de vacío cuando supe que Melanie y Alex crecerían con vagos recuerdos y referencias de su prima; de cuando un amigo me dijo “me voy”, y de verdad se fue. Le temo a esas frases, “me voy”, “me quiero ir”. Me aterran, porque de verdad se van, y entonces uno se queda tan solo… hasta que pasa el año. Y cinco días o tres o siete o veintiuno te engañan… hasta que pasan. Y otra vez lo mismo. Y es cíclico. Nunca termina.

Me aconsejan que me libere, que no cargue más con la decisión de otros. No puedo. Son mi historia, mi árbol con mis raíces, de donde vengo y a donde voy. Demasiado fuerte lo que une, y aunque demasiado grande lo que separa, me niego a ello. Porque no creo en los sistemas, creo en las familias.

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Algunas problemáticas del sistema de educación en Cuba

con aportes de Arianna Ceballo

Recientemente se ha anunciado una reforma en el actual sistema de educación cubana, que responde en parte al proceso de actualizaciones que transita hoy nuestro país. Reforma que espero se enfoque en las principales problemáticas de la enseñanza en todos sus niveles, y no se estanque en la superficialidad de algunos cambios aislados, desarticulados e incoherentes.

Por problemáticas tenemos en primer lugar -y hablo desde mi cortísima pero no pobre experiencia como profesora de un técnico medio- la estrechez en las concepciones en torno a qué es y cómo debe ser la educación. Por ella se entiende, creo que equivocadamente, emitir clases y conferencias desde la posición verticalista de profesor dominante, omitiendo cualquier relación horizontal de retroalimentación entre profesores y alumnos; o sea, partir de la premisa de que vamos a enseñar no a que nos enseñen. Nosotros les “abrimos” el mundo de la literatura, pero nunca les preguntamos qué leen, cuáles son sus acercamientos, motivos, preferencias, etc. Nunca investigamos –uso plural de modestia, pero en realidad me excluyo- cuáles son las tendencias actuales de la lectura en los jóvenes preuniversitarios. Y de aquí se deriva otra cuestión: la obsolescencia de algunos programas. Por ejemplo, en la asignatura español-literatura se imparten los clásicos de esa materia: La Ilíada, Don Quijote, Romeo y Julieta, La casa de Bernarda Alba, El reino de este mundo… Sin embargo, no se imparte nada de literatura contemporánea, y me refiero a la de ahora, la del siglo XXI, que refleja inquietudes más propias y cercanas al contexto actual, lo cual facilita la inmediata identificación del joven con lo que está leyendo y, por tanto, con su acontecer. Otro ejemplo, tuve la oportunidad de llevar a un grupo de niños a la pasada Feria Internacional del Libro. Sus compras se limitaban, en algunos de ellos, a libros “para la escuela”, “para hacer los trabajos prácticos”. Y eso creo que es resultado del desconocimiento de los propios profesores, que no les permite orientar a sus alumnos en función de la lectura como entretenimiento y placer, más que en función de la búsqueda de informaciones y conocimientos.

Otra de las premisas erróneas es creer que los alumnos son deformaciones de otros niveles y (mal) actuar en función de ello. Ejemplo: una profesora de español-literatura me explicaba que los estudiantes venían ya con deficiencias desde la secundaria que a su vez arrastraban desde la primaria. Y aunque concuerdo en este punto, no comparto su absolutismo, pues ella –y así muchos otros- nunca se planteó la posibilidad de que los alumnos hubiesen apre(h)endido “aunque sea algo, alguito”; por tanto, había que empezar todo desde el principio, es decir, desde la gramática básica de sujeto y predicado, el uso de la s, c, z, v, b y todo el abecedario. Entiendo los errores garrafales que se cometen incluso en la universidad, pero no creo que la metodología de la repetición funcione. De hecho, si no funcionó anteriormente, ¿por qué volver a asumirla?

La repetición de contenidos es uno de las problemáticas principales, que desgasta tanto al alumno como al profesor. Sucede igualmente en el programa de la asignatura Historia de Cuba. Se imparte en sexto, noveno, onceno y duodécimo grado; repitiéndose, repitiéndose y repitiéndose. Para que no se me malinterprete, debo explicitar que no menosprecio la asignatura; por el contrario, la defiendo siempre que esté en función de la conformación de nuestras identidades y la comprensión de nuestras realidades –perdón cacofonía-, y no de la mera reproducción de hechos, valoraciones y fechas.

Ante una prueba de Historia, los estudiantes sienten que deben aprendérselo todo de memoria, con exactitud y precisión en los datos. Esto argumenta la idea de que no se apunta al análisis de las causas y consecuencias, al entendimiento de los hechos como procesos y no como situaciones de un día o unos años, a la capacidad de los alumnos para generar sus conclusiones. En fin, se está lastrando la cultura del pensamiento propio; y luego nos preocupamos porque los jóvenes padece de incultura y descompromiso. Si no los educamos dentro de la concepción de que hay que cuestionárselo todo, incluso a uno mismo, no lograremos que analicen el pasado en función del presente y futuro, que se apropien de los usos nietzschianos -¿o nietzschiences?- de la Historia, que la utilicen en pos del cambio y la transformación de la realidad actual.

Igualmente respecto a esta asignatura, y ya por último, traigo una anécdota. El día que les leí en clase poemas de La pupila insomne, de Rubén Martínez Villena, una alumna me preguntó por qué en Historia no decían que el de la Protesta de los Trece escribía poesías tan lindas. La humanización de las figuras históricas no se contempla en el programa. Martí no sufrió la separación de su hijo ni Mella tuvo una de las relaciones de amor más hermosas con su Tina.

Otra de las asignaturas que me incomoda es la Educación cívica que se imparte en quinto grado, y que efectivamente se dedica al estudio de valores morales y comportamientos. Pero hasta ahí las clases, porque de quinto no pasa. Y después nos alarmamos por la crisis de valores.

La educación cívica debería enfocarse en construir una cultura del derecho, de conocimiento de las legislaciones y del aparato gubernamental, para los niveles secundario y preuniversitario, porque ¿qué joven conoce cómo se estructura nuestro Estado y cuáles son las leyes que lo rigen? ¿qué joven conoce la Constitución, el Código de familia, el Código de la niñez y la adolescencia?

De la enseñanza artística ni hablar. No me refiero a la especializada sino a la básica la secundaria, pues en la primaria he encontrado buenas experiencias, sobre todo en las teleclases. Y aquí entra otro problema, la limitación de esta enseñanza a esos niveles, como si la apreciación del arte no fuera objeto de interés o peor, no fuera objetivo a lograr en los jóvenes preuniversitarios. Muchos de ellos no han puesto un pie en el Museo Nacional de Bellas Artes, por mencionar un espacio, y eso es responsabilidad también de los maestros que no lo incentivan, que se acomodan en las diapositivas y quizá ahora en la producción en serie de Artex.

Entonces nos preguntamos, tal como Lisardo García, vocero del MINED, el “por qué si las asignaturas de Humanidades son las que reciben más horas-clase, el pensamiento humanístico de los estudiantes es tan primario, y por qué existen entonces tantas deficiencias en la cultura artística y ciudadana”. Las respuestas están en parte planteadas. Esperemos entonces a ver de qué va la reforma.


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Los médicos cubanos son sagrados (carta abierta de blogueras y blogueros cubanos)

Tomado de La polémica digital

Hace apenas unas horas hemos conocido por amigos residentes en Venezuela, cooperantes cubanos, medios de comunicación de la isla y por la cadena multiestatal Telesur que más de una docena de Centros de Atención Médica ha sido atacada por parte de miembros de la oposición venezolana.

Como blogueros y blogueras cubanos condenamos las acciones violentas de cualquier naturaleza e instamos al pueblo venezolano a velar por la vida de nuestros médicos, cuya única labor en esa nación ha sido la de salvar vidas en los sectores más pobres y vulnerables y devolver la salud a millones de pacientes.

Cualquier inconformidad con las recientes elecciones venezolanas, cuyo resultado final declaró la victoria del presidente Nicolás Maduro según el Consejo Electoral Nacional y observadores de diferentes regiones internacionales, debe ser tramitada por la vía legal y en un clima de respeto y paz, como han reiterado varios funcionarios gubernamentales.

Como ciudadanos y ciudadanas de Cuba seguiremos y denunciaremos públicamente cualquier intento de poner en riesgo la vida de médicos de nuestra nación por motivos xenófobos, de intolerancia política o de cualquier otra índole.

16 de abril de 2013


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Viaje al centro de nosotros mismos

el educador popular es...Yo quería esperar a llegar a casa para sentarme a escribir esto. Son las seis de la mañana y no he dormido. En la litera de al lado tengo a alguien que intenta igualmente no dormirse, alguien que tenia cerca, ahí mismo, en la facultad, y nunca nos habíamos acercado. Por esas tantas razones que no vale la pena explicar.
Son las seis de la mañana y creo que nos hemos propuesto no dormir, pero estamos todos dormidos. Incluso yo que estoy escribiendo. Ha sido una semana riquísima, genial, intensa, agotadora, exprime-neuronas y, mas que todo, divertida.
Ha sido una semana, cinco días para ser mas exactos, y no me siento educadora popular. No puedo decir que ya, desde ahora, a partir de hoy, lo soy. Pero creo que, de alguna manera, en instantes inconscientes, lo fui. El dia que mis niños se dieron cuenta por qué la gente echaba la basura al Malecón, que uno de mis alumnos del técnico me texteó diciéndome que se había comprado un libro, los dias que cambié los turno de español literatura por uno de educación sexual, porque era también necesario e interesante, los días que iba cargada de libros a la escuela para compartirlos con los estudiantes, que muy pocos atendían o entendían, pero que uno sí, había uno que sí le gustaba que le leyera esos libros. Fui educadora popular cuando comprendí de que solo por ese valía la pena seguirlos cargando.
Hemos hablado de compromiso, de responsabilidad, integridad, entrega, sinceridad. Y no digo como categorías abstractas, porque lo que hablábamos se iba concretando en nosotros mismos.
Fuimos nuestros propios sujetos y objetos, nuestros propios observantes y observados, nuestros propios creadores activos, emancipados, dominados dominadores –y viceversa-; capaces de cuestionar e idear para hacer muchos algos que nacen de muchas inquietudes comunes. Yo le pondría algo así como, aunque suene cheo y cursi, un viaje al centro de nosotros mismos.
Hay tanto sobre que hablar de aquí en adelante, pero debo admitirlo, me muero de sueño y luchando por no dormirme, escribo porque mañana me voy y necesito esto, escribir desde aquí, desde el cuarto quince del Martin Luther King, desde dentro.


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Mi pago

Diez de la noche. 23 y 0. Cualquier día. Si es fin de semana, peor. La Habana y su parte decadente. La gente buscando, no hablo de buscar dinero, hablo de buscar, no sé, otra cosa, otro paisaje, otras luces, otras calles y otras gentes. Necesitan respirar. No quiero decirlo así, pero debo: veo gente cansada y vieja, que no se encuentra en su país, que no se sienten, me duele más, como país. Hace poco encontré, en lecturas recomendadas, este diálogo:

-Porque en Cuba todavía tengo la impresión de que muchas cosas dependen de los que vivamos allí.

-Hay miles de personas que pagarían por tener esa sensación.

-No. Miles no. Muy pocas. Se paga por lo contrario.

Yo pagaría por todos, pagaría para que todos tuvieran estas ganas que no son solo mías, que fueron en sus días -en otro contexto pero con igual intención- de Virgilio: formar parte. Decir luego, yo estuve ahí. Estamos en pleno proceso de cambios, vienen lentos, lo sé, pero yo, sin importar que me tilden de ilusa, confío en ellos. Pago entonces por darles a todos un poquito de fe, de confianza, para creer, cito otra vez, “en algo inmaterial que impulsa la materia”.